Dom 2 Mar 2014
Democracia
Posteado por Carlos Evasio Maggi en Reflexiones
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Con el paso del tiempo las monarquías fueron cediendo espacio a la democracia. Por ejemplo en Europa, desaparecieron las monarquías absolutas y algunas se convirtieron en monarquías parlamentarias, en cuyo régimen la reina o rey, reinan pero no gobiernan, y el Parlamento se constituye y funciona con procedimientos democráticos. Por otra parte, un sistema democrático puede ser presidencialista (un presidente elegido por el pueblo) o parlamentario (si al presidente lo elige el Parlamento).
Luego de la anterior ilustración, corresponde proclamar sin dudas que la democracia es el mejor sistema para un gobierno en cualquier parte del mundo, pues hoy en día no se conoce algo más conveniente. Sin embargo, traemos desde la escuela primaria el concepto de que la auténtica democracia solo existiría si es total y absoluta la división e independencia de los tres poderes del Estado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

La consigna bastante difundida en la sociedad es: “no hablar jamás de uno mismo”. Tampoco contar algunas vivencias propias, donde el relator es protagonista, sin embargo, el filósofo español, José Ortega y Gasset, aseguraba al respecto que: “Muchas veces hablo de mí porque soy la persona que más a mano tengo”. Y proseguía diciendo: “Es precisamente cuando quiero relatar mi experiencia, la cual considero amena y provechosa para el eventual interlocutor”. En esta descripción cabría agregar la afirmación de Lucio A. Séneca: “Si me ofrecieran la sabiduría con la condición de guardarla para mí sin comunicarla a nadie, no la querría”.

Un argentino auténtico jamás debería dudar de las cualidades de patriotismo, altruismo y capacidad para analizar las necesidades de la sociedad que integraban y del país en su conjunto, que evidenciaron en los hechos próceres de la talla de San Martín y Belgrano, por ejemplo; ellos no se perpetuaron en el poder (y podrían haberlo hecho tranquilamente), tampoco quisieron dejar una impronta personal y compulsiva en plazas, paseos, vías de comunicación y, mucho menos, en monumentos; con tal actitud, seguramente, pensaron que sería la posteridad agradecida la encargada de reconocerlos por la actuación en favor de nuestra Nación y proyectada luego a toda America del Sur; según anhelaban San Martín y Bolívar.




