Tal como acontece en cada año, y cuando el mismo se aproxima a su final. Son tiempos en los cuales fluye desde el sentimiento una irradiación natural que nos desbordará de bienestar anímico. Y esta situación no es otra cosa que el fruto de la esperanza que comanda el entusiasmo, mientras va adueñándose del lado positivo en nuestra mente. Puesto que es precisamente en el optimismo donde anidarán los buenos augurios, y cuyo resultado se muda normalmente a un milagroso elixir para los corazones humanos. Por otra parte, si en algunos de esos momentos invadiera la tristeza por los que ya no están con nosotros, en el acto conviene disipar la morriña. Y para alcanzar ese propósito, basta con sublimar el recuerdo de las épocas felices que con ellos vivimos.
Toda realización partirá de un sueño, y no debería importar demasiado si el emprendimiento es grande o la pretensión es humilde, porque de cualquier modo la secuela siempre vendría a satisfacer el espíritu individual. Y no olvidar jamás que los logros, sean vastos o pequeños, igual contienen la alegría del partido ganado, en consecuencia lógico es pensar que a la postre el resultado tenderá a cubrir las expectativas de quienes hayan apostado por esa fantasía. Al respecto William Shakespeare manifestaba: (más…)
El 13 de agosto de 1961, no resulta un día más en la historia de la humanidad, sino que es precisamente en esa fecha cuando se comenzó a construir el Muro de Berlín, testimonio aciago de un tiempo, y consecuencia de exacerbaciones por el descontrol emocional que un conflicto bélico es capaz de generar en la conciencia de los hombres. Incluso el Muro, es símbolo de una vergüenza enorme para todos los seres humanos que habitamos este planeta, llamado “tierra” ¿Acaso podrían calificarse de racionales a quienes decidieron ejecutar semejante obra? Creemos que no, pues en la fuente semántica, no los pudimos hallar, y tal vez porque el raciocinio jamás podría albergar ese volumen de crueldad en el interior de un corazón humano.
Pensamos que nadie debería dudar sobre la realidad de este proceso, el cual obedece a una tendencia inherente al ser humano. Y cuyo carácter muestra, como aspecto básico, que el mayor rigor y el auténtico “ojo clínico” siempre se deben aplicar en episodios y omisiones realizadas por el prójimo. En el preciso instante donde prevalece una especie de narcisismo emocional, pues actúa en el individuo mientras lo declara dueño absoluto de esa dulce sensación, porque lo hace sentir que es poseedor de la razón en determinada contienda. Y muchas veces sucede, aunque el verdadero conocimiento sobre ciertos temas no habite en su fortaleza cultural. Al respecto, y ante una especie de vanidad exagerada, consideramos ilustrativo citar el pensamiento de René Descarte, filósofo y matemático francés, que solía afirmar: “No hay nada repartido de modo más equitativo que la razón. Todo el mundo está convencido de tener lo suficiente”.
Moscú es la capital de Rusia, y también el ente federal más poblado del país, con 13.000.000 de habitantes. Es inclusive la mega ciudad más septentrional de la Tierra y la segunda de Europa, luego de Estambul. Ubicada a orillas del río Moscova. Y en su punto más céntrico, sobre un costado de la Plaza Roja, se sitúa el Kremlin, una verdadera fortaleza donde hallaremos el puesto de trabajo del Presidente ruso, más la sede del Parlamento y múltiples dependencias nacionales. Cuyo complejo edilicio figura en un predio de 28 hectáreas de superficie, y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Por otro lado y desde el punto de vista político, Moscú fue la base enigmática del otrora comunismo, que inició con el derrocamiento del último zar, Nicolás II, en el año 1917, por la Revolución Rusa la cual instaló en el poder a los bolcheviques comandados por Vladimir Lenin. Proceso que se extendería durante el período 1917-1991.
Tal como se denomina la biblioteca más grande del mundo, proyectada por el estudio de arquitectura holandés MVRDV, con sede en Róterdam, en colaboración con el Instituto de Planificación y Diseño Urbano de Tianjin. Cuya construcción, que cuenta con una superficie total de 33.700 m2, y capaz de albergar un número superior a 1.200.000 libros, demandó tres años (2014-2017). Pero lo que asombra, sobre todo, es su diseño, de donde emana la sensación de una verdadera fantasía, por su manifestación futurista con la cual seguramente subyuga al visitante. Más aún si el mismo es un auténtico amante de la cultura universal y proviene de lejanas tierras.
Transcurría el año 1865, cuando un joven llamado George Nagelmackers, nacido el 24/06/ 1845 en Lieja, Bélgica, realizó un viaje por América, donde observó el avance tecnológico relativo al transporte ferroviario, y en particular el coche de lujo promovido por George Pullman. De este modo, al regresar a su país planteó la idea de un tren que recorriera toda Europa, lo cual demandaría una inversión tal que de inmediato representó un verdadero escollo para el proyecto. Y pese a estas contingencias negativas, al fin pudo lograr un acuerdo en la Nagelmackers Compagnie Internationale del Wagons-Lits, de la cual era fundador. Y cuyo itinerario vertebral uniría París con Constantinopla (y a partir de 1930, llamada Estambul). Lógicamente, este emprendimiento tan importante y ya próximo a iniciar el servicio, generó un enorme revuelo social y periodístico, no obstante, en medio de ese tumulto de ideas y propuestas apareció un nombre que resultó adecuado para el nuevo medio de transporte: “Orient Express”. Y así, el 4 de octubre de 1883, el tren llevó a cabo su primer viaje.
Con el propósito de seleccionar un asunto y luego tratarlo, aunque fuere de modo somero pero sin perder de vista su importancia y, por ello, asignarle en ese instante un estudio básicamente adecuado. Primero es menester elaborar una buena dosis de concentración, luego escudriñar razonablemente en la amplitud de nuestro pensamiento. Sin embargo, este propósito jamás constituiría una tarea compleja ni gravosa. Pues representa una forma natural y apropiada de mejorar la vida y, por otra parte, está al alcance de todo el mundo, sin interesar demasiado el grado de erudición que cada uno posea. Entonces, todo el impulso necesario deviene únicamente de la propia voluntad. Y en cuya misión coadyuva el intelecto como factor que encausa el destino de manera ajustada a nuestro sentimiento.



