Historias


Reiterando un poco lo que decíamos en la presentación anterior, el Ferrocarril Central Argentino, que unía las ciudades de Córdoba y Rosario, fue inaugurado oficialmente   el 13 de abril de 1870 por el Presidente Domingo F. Sarmiento.

 Y en el contrato de construcción celebrado entre el Estado argentino y la Compañía de Tierras del Central Argentino, establecieron, entre otras cosas, que el primero aseguraba una ganancia mínima equivalente al 7%, calculada sobre el monto del capital total invertido en esa obra, por la explotación de dicho ramal. Por consiguiente, sólo en el primer año de funcionamiento nuestro país debió pagar $ 209.820-  a dicha Compañía, en concepto de compensación por la aplicación de la cláusula anterior.

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Desde mediados de la década del ´60 y hasta la del ´90 del siglo XIX, el desarrollo de este medio para transporte y comunicación fue espectacular y, merced a ello, el progreso en las zonas de influencia resultó explosivo. Y nunca antes la República había vivido un fenómeno tan dinámico en el proceso de crecimiento.

 En el tendido de las vías férreas, realizado por empresas inglesas, se establecieron las distintas líneas formando un abanico con vértice sobre el puerto de la ciudad de Buenos Aires; un proyecto consensuado con el gobierno argentino a fin de lograr mayores beneficios para el comercio exportador de los productos primarios y la importación de bienes manufacturados.

 El caso particular dela Compañía de Tierras del Ferrocarril Central Argentino que por el tendido de las vías desde  Rosario  y hasta la ciudad de Córdoba, a cargo del ingeniero William Wheelwrigth, recibió del gobierno argentino, “en plena propiedad”, una franja de tierra de una “legua” de ancho a ambos lados de los rieles

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Este libro contiene la historia documental de la Fundación de Colonia Luxardo, dispuesta por Decreto del Gobierno de la provincia de Córdoba, con fecha 18 de setiembre de 1886.

La investigación demandó casi dos años y medio, y fue desarrollada en trece ámbitos diferentes, pero en el aspecto documental, el Archivo Histórico de Córdoba resultó el lugar más fructífero, con tal magnitud, que el contenido de la  obra  define un precedente en  la provincia de Córdoba.  El libro tiene 164 páginas, comienza con la mensura y amojonamiento realizado en el año 1867 por el agrimensor Eleazar Garzón, para determinar la superficie y ubicación geográfica del lote número 24, al cual denominaron “Suerte” dentro de las tierras Fiscales, y culmina con una breve historia del Fundador y dos de sus hermanos, todos ellos italianos.

En este momento las autoridades de la Escuela Gabriel Luxardo, están organizando la presentación de este libro. Además, importa destacar que el beneficio por la venta de dicho libro será para las Cooperadoras de la escuela mencionada, pues así lo dispuso el Autor.

El pueblo era muy pequeño, apenas cien almas lo habitaban y constituía un típico conglomerado de agricultores gringos, donde la vida transcurría tranquila y monótona, solo la escasez de lluvias  o una enfermedad podrían representar una seria preocupación en la vida cotidiana, mientras promediaba la década del ´60.

 Allí una familia, en particular, integrada por el matrimonio y sus dos hijos varones, decidió un día que Honorato, el mayor de éstos continuara estudiando luego del ciclo primario, y de este modo podrían disfrutar en el futuro a “mi hijo, el doctor”. Pero únicamente era posible realizar este sueño si el otro hijo, de nombre Mario, permanecería en el campo, para que el trabajo  en conjunto pudiera solventar los estudios del mayor. (más…)

Transcurría la década del ´50 y  estos personajes aún constituían una parte nutrida y pintoresca  del folclore campesino de la pampa gringa, eran peregrinos que brindaron  un marco involuntario, simple e innovador dentro de la vida monótona del lugar. Por ello, creaban un matiz transitorio de humor y entretenimiento. Se los llamó peyorativamente “crotos” y, con eufemismo, mendigos o linyeras ¿Por qué crotos? En el año 1920, siendo gobernador de la provincia de Buenos Aires, José Camilo Crotto, sancionó el Decreto 3/20, por el cual se autorizaba y permitía a  los peones rurales   viajar gratis sobre los trenes de carga, incluido  su equipaje, el que consistía en algunas ropas viejas contenidas en  paños de arpillera y atadas las cuatro puntas entre sí. En consecuencia, pronto el vocabulario popular extendería la denominación de “croto” a todas las personas que evidenciaron extrema pobreza y alma de vagabundos, incluso era el modo de augurarle el futuro a un joven con pocas ganas de trabajar. (más…)

Esta historia, define la filosofía de una conducta y narra un hecho real, acontecido hace más de 60 años en un pueblito de la “pampa gringa” cordobesa.

Transcurría la década del ´40 y el pueblo constituía, por ese entonces, un ente con mayor autonomía que la actual, pues tenía lo necesario para ello: un almacén de ramos generales y una escuela primaria; además  de panadería, verdulería, carnicería, peluquería y, por lo menos, dos boliches. Y sucedió precisamente en uno de estos antros, el que se situaba en la esquina, muy cerca del salón de fiestas, una tarde de domingo, con agobiante calor y muchos parroquianos reunidos; unos tomando el “ajenjo” con hielo o el  “potrillo” de vino tinto “fresco del pozo”; otros, incluso, jugaban al truco. Y era en este terreno donde proferían vibrantes exclamaciones, definidas por puerca, vaca, yegua…y todas con algún aditamento. (más…)

Tres fueron los elementos que contribuyeron a definir en el pasado, aunque en manera decreciente, la idiosincrasia de la gente de campo y poblaciones menores;  la fervorosa religiosidad católica, el temor profundo y permanente a ser prejuzgados,  con el pensamiento puesto siempre en el  “qué dirán”; y la espeluznante superstición. Sentimientos del ideario popular que tuvieron plena vigencia hasta el año 1950, aproximadamente; luego irían menguando rápidamente.

Constantemente los pobladores de la vecindad, allá en mi pueblo, que conformaron  las comisiones con el fin de organizar y realizar diversos eventos, crearon oportunidades para ratificar, en cada caso, la fe y devoción hacia las imágenes del culto católico, único y casi excluyente, practicado en la amplia zona. En consecuencia, abundaron las jornadas de manifestación a través de misas celebradas en la pequeña iglesia y con procesiones que transitaron principalmente el contorno de la plaza del pueblo; precedidas, según la ocasión, de la imagen de san Roque, santo patrono, de la Virgen  o de cualquier otro santo benefactor que, a criterio local, merecía una demostración de  acendrada y explícita veneración. Todo acontecimiento era factible sólo si el cura de la jurisdicción podría venir a presidir los actos religiosos; porque mi pueblo nunca tuvo párroco propio. Y los feligreses consideraron estas convocatorias como actos purificadores de pecados, con sacramental obligación de participar en ellos. (más…)

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