Mar 6 Nov 2018
Exabrupto social
Posteado por Carlos Evasio Maggi en Reflexiones
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El tiempo es la representación de la eternidad en movimiento. Y en esta misma dinámica va dejando su impronta, que podría ser superficial o profunda. Sin embargo, no todo realiza el tiempo al transcurrir, sino que el ser humano también hace su aporte. El cual no siempre sintoniza con las formas del tiempo, puesto que el mayor interés del hombre radica en la propia conveniencia, algunas veces basada en errores de criterio y en otras, por depender exclusivamente de su egoísmo personal, cuyo motivo podría colisionar inclusive con la sincronización general creada por la perfección del Universo. Es decir que, de este modo, el hombre define una diferencia básica respecto al comportamiento de animales y vegetales dentro del medio natural que les dio la vida, donde a cada uno brinda los medios necesarios para su normal existencia. Y al final, a todos por igual asigna un sitio en el tránsito a la eternidad. (más…)
Pienso que el humor ameniza y puede alegrar la vida de todos. En verdad no alcanzo a imaginar excepciones, sin embargo el contenido del ingenio posee matices particulares que definen la cultura de cada pueblo, y su verdadera esencia es atemporal. Por otro lado, si consideramos al humor en escala superior, se trata de un arte limitado a ciertas personas con talento creativo e histriónico, según lo expresaba Albert Einstein: “Sólo a una pequeña minoría le es dable fascinar a su generación a través del humor y la gracia”. En cambio, para el filósofo Friedrich Nietzsche: “La potencia intelectual de un hombre se mide por la dosis de humor que es capaz de utilizar”.
Es muy probable que la valoración conceptual definida en este título, resulte un tanto sugestiva para el lector. Lo cual no debería ser motivo de asombro, dado que suele ocurrir con demasiada frecuencia respecto a expresiones o términos empleados diariamente, y con evidente sesgo de masificación, donde no se alcanzan a distinguir estratos sociales ni culturales, pues la tendencia general es a la uniformidad en la lingüística adoptada por la población, y con rumbo a incrementarse durante un cierto tiempo.
En la confusión es muy difícil discernir fielmente las realidades a través de los pensamientos y luego con las palabras. Ya sea que se trate de bienes, colores, sabores o solo de conceptos generales. En consecuencia, aquí corresponde advertir con razones que incluso el silencio es salud, tal como reza un antiguo apotegma, pues si a pesar de la condición descripta emitimos valoraciones, tenderíamos inexorablemente a la necedad, por lo cual Marco T. Cicerón manifestó, hace tiempo ya: “La necedad es la madre de todos los males”.
Tal vez tengamos que considerar este escrito como una mera digresión, pues en el mismo dejo de lado, por un instante, el fin cultural de este espacio para incursionar sobre un tema de neto sesgo social, y por esto creo que vale la pena toda contribución que podamos realizar en beneficio del bien común.
Resulta difícil dudar si es verdad o no, que el civismo asegura el camino hacia un orden social adecuado, y cuya utilidad se alimenta naturalmente con el cumplimiento de las normas generales, que podrían ser puramente sociales, económicas o políticas. En consecuencia, y de este modo, con el paso del tiempo la dignidad se consolida en volumen suficiente para honrar la vida individual y de la sociedad en su conjunto. Más el prestigio y respeto que, por ello, logramos instalar en el ánimo de otros pueblos, precisamente los que residen al otro lado de nuestras fronteras. Luego, creemos necesario aclarar que esta exposición carece de eufemismos, con el único fin de alcanzar un impacto realista en el entendimiento del lector.
Contactarse con la naturaleza es fomentar la vida, es darle verdadera dimensión, porque de la naturaleza venimos, pero solo por un tiempo, el que suele ser bastante breve respecto de nuestras extensas aspiraciones. Entonces, dentro de este contexto, la misión principal debiera ser la de crear continuamente razones que alimentan la acción de vivir, para justificar el paso terrenal de tal manera que nos permita andar por la vida convencidos de nuestro obrar atinado, con sintonía social, al trazar una impronta valedera, con legítima entidad para nosotros y, también, para el prójimo.



