Esta historia, define la filosofía de una conducta y narra un hecho real, acontecido hace más de 60 años en un pueblito de la “pampa gringa” cordobesa.

Transcurría la década del ´40 y el pueblo constituía, por ese entonces, un ente con mayor autonomía que la actual, pues tenía lo necesario para ello: un almacén de ramos generales y una escuela primaria; además  de panadería, verdulería, carnicería, peluquería y, por lo menos, dos boliches. Y sucedió precisamente en uno de estos antros, el que se situaba en la esquina, muy cerca del salón de fiestas, una tarde de domingo, con agobiante calor y muchos parroquianos reunidos; unos tomando el “ajenjo” con hielo o el  “potrillo” de vino tinto “fresco del pozo”; otros, incluso, jugaban al truco. Y era en este terreno donde proferían vibrantes exclamaciones, definidas por puerca, vaca, yegua…y todas con algún aditamento. (más…)

En el sentido funcional, la vida es simple, pues fluye naturalmente en la existencia misma y también espontánea debería ser la acción de vivirla. Sin embargo, para lograr esta simplicidad, es necesario no desconectar nuestro comportamiento de la naturaleza, porque somos parte de ella y, por lo tanto, inseparables, dado que nacimos para ser  un conjunto indisoluble.

Algunos usos y costumbres nos alejan de la naturaleza porque la vida moderna impone muchas condiciones que impulsan a las personas por un camino de desnaturalización creciente y a ellas son: excesiva  aglomeración poblacional,  violencia social, deterioro de los valores primordiales en la naturaleza humana, tiempos que no alcanzan y largas distancias a recorrer en cada jornada, más el bombardeo publicitario de modelos y productos que para muchos son inalcanzables, con el consecuente deterioro de la  autoestima y la tentación en aumento de abandonar el camino correcto para  lograrlos, porque solo con el trabajo no basta, sumadas las experiencias sociales y culturales de acumular bienes, más que afectos, o emplear éstos, como pretexto, para lograr más bienes todavía. (más…)

Amanecía, y el día se presentaba sereno y muy frío, cuando apenas iniciaba  el mes de abril. A través de grandes ventanales de nuestra habitación de hotel, en el piso número once, pude contemplar fascinado algunas particularidades de esta exótica metrópoli, La Paz, sede del Gobierno nacional de Bolivia. El centro es angosto, tal vez unas cinco cuadras en modo lineal y asemeja el “cauce” de un gran cañón, en el cual asientan coloridos edificios de altura; y en ambos costados, cubren las laderas hasta la cima, edificaciones con techos de color rojo predominante. Y allí nomás, en ese “cauce”, surgía como un gigante silencioso, a 3660msnm,  el mítico estadio de fútbol Hernán Siles, lugar emblemático donde caen derrotados los “tigres de la llanura”. (más…)

Justo había comenzado el otoño, y la noche ya cubría con su manto oscuro al caserío del pueblo; mientras en el boliche, una decena de parroquianos arreglaba el mundo y vaciaba las botellas. Próxima  a la ventana de la chusma, una mesa colocada contra la pared, allí sentados estaban dos tamberos, apodados en la zona como “Moscato” y “Ginebra”; ninguna bebida les hacía arrugar la nariz; y trabajaban para un importante chacarero del lugar.

En ese instante, trataban un tema urticante, lleno de misterios y riesgos, por eso la ansiedad  iba en constante aumento y los impulsaba a consumir más  de lo habitual, para lograr coraje. La cacería de pumas era la pasión del momento; pero no tenían ni la menor idea de cómo realizarla, sólo conocían el lugar, allá en el monte santiagueño. Por ahí se acerca el mozo y Moscato le pregunta: (más…)

Tres fueron los elementos que contribuyeron a definir en el pasado, aunque en manera decreciente, la idiosincrasia de la gente de campo y poblaciones menores;  la fervorosa religiosidad católica, el temor profundo y permanente a ser prejuzgados,  con el pensamiento puesto siempre en el  “qué dirán”; y la espeluznante superstición. Sentimientos del ideario popular que tuvieron plena vigencia hasta el año 1950, aproximadamente; luego irían menguando rápidamente.

Constantemente los pobladores de la vecindad, allá en mi pueblo, que conformaron  las comisiones con el fin de organizar y realizar diversos eventos, crearon oportunidades para ratificar, en cada caso, la fe y devoción hacia las imágenes del culto católico, único y casi excluyente, practicado en la amplia zona. En consecuencia, abundaron las jornadas de manifestación a través de misas celebradas en la pequeña iglesia y con procesiones que transitaron principalmente el contorno de la plaza del pueblo; precedidas, según la ocasión, de la imagen de san Roque, santo patrono, de la Virgen  o de cualquier otro santo benefactor que, a criterio local, merecía una demostración de  acendrada y explícita veneración. Todo acontecimiento era factible sólo si el cura de la jurisdicción podría venir a presidir los actos religiosos; porque mi pueblo nunca tuvo párroco propio. Y los feligreses consideraron estas convocatorias como actos purificadores de pecados, con sacramental obligación de participar en ellos. (más…)

En este breve espacio consideraremos la capacidad de darse cuenta, de cada persona, aplicada en desarrollar y adecuar los usos y costumbres que definen primero el comportamiento individual y, luego, por suma, la conducta de una sociedad.

Entonces, con el propósito de crear las condiciones necesarias para allanar los vicios en los usos y costumbres, en primer lugar, corresponde comprender cuál es el aspecto a mejorar; en segundo lugar, debemos expresarlo públicamente, en forma clara y persuasiva, por los medios y en los momentos razonables. Y a no flaquear jamás, pues en este segundo tramo debemos vencer la natural actitud conservadora de la personas, las mayores por resistencia al cambio y las jóvenes por rebeldía. No es  fácil que el destinatario conciba una crítica constructiva en lo inmediato; pero no importa, porque ya lo sabíamos de antemano y estamos intentando despertar la conciencia  para un cambio de comportamiento.

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A continuación detallamos algunas expresiones de cultura antisocial, con el propósito de fijar, dirigir y sustanciar correctamente los parámetros educativos, disuasivos, correctivos y punitivos; y son las prácticas, los modos y las omisiones de mayor frecuencia, las cuales definen en nuestro país un verdadero flagelo en el tránsito de vehículos:

-Conducir en zigzag, con cambios violentos de carril y sin realizar seña alguna.

-Cruzar los semáforos en rojo, esto es  frecuente y muy difundido en los barrios y avenidas importantes de pueblos y ciudades. En especial, durante la noche, madrugada o feriados.

-Andar en contramano en los barrios, y aunque haya claros carteles indicadores.

-Doblar a la izquierda en los semáforos, en calles de doble mano y cuando las disposiciones de tránsito lo prohíben expresamente.

-Virar en U en cualquier avenida céntrica y también en las autopistas, por ejemplo en la circunvalación y  en la avenida Rafael Núñez de la ciudad de Córdoba.

-Al girar en una esquina, la prioridad le corresponde al peatón, sin embargo, quien cruce la calle con esa ciega convicción es probable que no llegue a viejo.

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