Experiencias


Amanecía, y el día se presentaba sereno y muy frío, cuando apenas iniciaba  el mes de abril. A través de grandes ventanales de nuestra habitación de hotel, en el piso número once, pude contemplar fascinado algunas particularidades de esta exótica metrópoli, La Paz, sede del Gobierno nacional de Bolivia. El centro es angosto, tal vez unas cinco cuadras en modo lineal y asemeja el “cauce” de un gran cañón, en el cual asientan coloridos edificios de altura; y en ambos costados, cubren las laderas hasta la cima, edificaciones con techos de color rojo predominante. Y allí nomás, en ese “cauce”, surgía como un gigante silencioso, a 3660msnm,  el mítico estadio de fútbol Hernán Siles, lugar emblemático donde caen derrotados los “tigres de la llanura”. (más…)

Transcurría el mes de mayo cuando salimos muy temprano una mañana; aún no había despuntado el alba; un poco de aventura el propósito y seis amigos conformamos el grupo. Pronto abordamos la ruta nacional número 9 y luego de algunas horas de marcha entramos a territorio tucumano; aquí más de un piquete nos detuvo; por ello, y dada nuestra urgencia por el breve tiempo del periplo, nos vimos forzados a emplear la imaginación al máximo. Y el resultado óptimo, pues logramos sortear dos escollos continuos en trámite acelerado y proseguimos con normalidad.

Pernoctamos en la ciudad de Orán; luego emprendimos el rumbo a territorio formoseño; ya dentro del mismo enfilamos hacia un pueblo wichis, “El Potrillo” era su nombre, y  la intención en este lugar la había definido uno de los compañeros de viaje, que necesitaba ver a un curandero muy mentado por el estado asmático de lo aquejaba desde algún tiempo. Sin embargo, al arribar, un vecino nos informó que el “mano santa” se mudó a otra población, llamada “El Chorro” y distante unos 40 km.  de la anterior. Entonces en esa dirección partimos, con el hijo del cacique como guía eventual, con 17 años de edad y padre de 3 hijos. Debimos transitar caminos cubiertos por intensos guadales y en poco menos de una hora llegamos; y al curandero fuimos sin demoras. En la puerta de una choza, encontramos un individuo de unos 50 años de edad, esmirriado, moreno intenso y con mirada de águila; nos presentamos, uno a uno, pero estuvo ausente la amabilidad porque, el mismo, se mostró en todo momento místico, huraño y reticente; ni  siquiera una fotografía permitió que le tomaran. No obstante, le entregamos un considerable “aporte” en alimentos y vino, que mis compañeros compraron en Orán. Con todo, el enigmático personaje nos indicó que debíamos volver por la tarde, a partir de las 17 horas iniciarían las “consultas”. (más…)

« Página anterior